Violencia contra las mujeres y medios de comunicación – Galería de fotos

Jornada - violencia contra las mujeres y medios de comunicación femgarabat

Relato Grafico Feminista realizado por Femgarabat en torno a la presentación de Maria Dolores Marroquín, de LaCuerda

Jornada - violencia contra las mujeres y medios de comunicación femgarabat

En la segunda parte de la jornada las ilustradoras de Femgarabat ilustraron la mesa redonda

 

El 25 de octubre medicusmundi bizkaia organizó la jornada en torno a la violencia contra las mujeres y los medios de comunicación, donde varias profesionales del ámbito de la comunicación compartieron su punto de vista y sus opiniones en torno al tratamiento que la violencia contra las mujeres recibe en los medios de comunicación.

Entre las invitadas estuvo Maria Dolores Marroquín, miembro de la asociación LaCuerda de Guatemala. Junto a ella también estuvieron Irantzu Varela, periodista, feminista y coordinadora de Faktoria Lila; Andrea Momoito, coordinadora de Pikara Magazine, Joana Etxano, responsable de Educación para la Transformación Social en Mugarik Gabe y Loreto Larunbe, periodista de EITB.

Violencia contra las mujeres y medios de comunicación – Jornada 25/10/2018

Preocupados por el tratamiento mediático que en muchos casos recibe la violencia contra las mujeres, y con el objetivo de impulsar una reflexión sobre esta temática, medicusmundi bizkaia organiza la jornada “Violencia contra las mujeres y medios de comunicación”. El evento se realizará el 25 de octubre en el Hika Ateneo de Bilbao, de 10:00 a 14:00.

violencia contra las mujeres y medios de comunicacion - programa

Para aportar una perspectiva diferente, se contará con la participación de María Dolores Marroquín, que forma parte de la asociación La Cuerda de Guatemala, que hablará sobre la situación de la violencia contra mujer en Guatemala y cómo se refleja esta situación en los medios de comunicación.

A continuación se desarrollará una mesa redonda en torno al tratamiento que hacen los medios de comunicación sobre la violencia contra las mujeres. En este coloquio participarán Irantzu Varela, periodista, feminista y coordinadora de Faktoria Lila; Andrea Momoito, coordinadora de Pikara Magazine, Joana Etxano, responsable de Educación para la Transformación Social en Mugarik Gabe y Loreto Larunbe, periodista de EITB.

Inscríbete escribiendo a educa.bizkaia@medicusmundi.es

 

 

 

Concurso de Cómic de Getxo – Nire gorputza, nire erabakia, hemen zein hegoaldean 

No se tiene que luchar contra villanos, vivir exóticas aventuras o vestir ceñidos trajes para ser una heroína de cómic. El día a día de las mujeres las obliga a enfrentarse a innumerables adversidades que las convierten en protagonistas de historias por la igualdad, contra la violencia y por la pura supervivencia.

A2-cartel-concurso-comic

A2-cartel-concurso-comic

En medicusmundi bizkaia queremos trasladar estas historias tan reales al mundo del comic, y  tal y como Quino hizo en su día con Mafalda, hacer de la viñeta y la ilustración una herramienta para reivindicar de los derechos de las mujeres.

Para ello en el mes de noviembre realizaremos el concurso de viñeta en comic Nire gorputza nire erabakia hemen zein hegoaldean, con premios para el mejor valorado por el jurado y para la mejor mujer local.

La temática de las obras deberá estar relacionada con la realidad de las mujeres en mundo, tanto en nuestro entorno más cercano, como en otros lugares del mundo. Abordando temáticas como las violencias contra las mujeres, la vulneración de los derechos, el machismo…

Las obras deberán ser enviadas a las oficinas de medicusmundi bizkaia antes del 17 de Noviembre de 2018, en la dirección: Virgen de Begoña, 20 bajo, 48006 Bilbao, Bizkaia

Bases concurso comic ampliado.

 

Por el derecho a la salud integral de las personas trans*

En 1980 murieron Alfred Hitchcock y Jean-Paul Sartre; Umberto Eco publicó El nombre de la rosa  y Almodóvar estrenóPepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’; en la Universidad Autónoma de Madrid se inauguró el Seminario de Estudios de la Mujer y, en Barcelona, la Asociación Grupo Alba reclamaba a las instituciones un centro específico para atender a mujeres víctimas de violencia machista. Ese mismo año, la transexualidad se categorizó como una enfermedad mental. Los manuales seguían llamando, hasta hace unos días, “trastorno de la identidad sexual” o de “desórdenes de la identidad de género” a las experiencias trans*. ¿Qué consecuencias acarreaba esto? Muchas, pero una resultaba especialmente sangrante: en el Estado español, las personas trans* tienen que ser valoradas por un psiquiatra, que diagnostica una enfermedad y les abre así la puerta al sistema de salud. Llaman disforia de género a no encajar en los patrones, establecidos por el patriarcado, que determinan cómo deben ser los hombres y cómo tiene que ser las mujeres. Laia Serra, abogada experta en Derechos Humanos, asegura que esto genera “una opinión pública distorsionada, estereotipada y estigmatizante: lo trans* no forma parte de la diversidad sino que es un “error del sistema”, algo extraño, solo comprensible desde la enfermedad, generando rechazo, menosprecio o, a lo sumo, compasión.

Esos criterios internacionales se trasladan a los sistemas nacionales de salud que se construyen desde la discriminación y el paternalismo: se trata a l*s trans* como pacientes, como objetos de la medicina y no como sujetos de derecho. Todo esto provoca que sea el sistema sanitario, y en última instancia los profesionales del ámbito, quienes determinan cuál es el proceso que tiene que vivir esa persona para curarse. No deben saber que el patriarcado no tiene más cura que la que ofrece el feminismo, apostando por poner en valor la riqueza de la diversidad de vivencias.

Serra insiste en la gravedad de esta cuestión: “En Europa (…), el reconocimiento de la identidad de género por parte los Estados, o no existe o exige la obtención de un diagnóstico por parte de psiquiatras/psicólog*s, la aportación de pruebas de la vivencia sostenida y pública conforme al género sentido o “experiencia de vida real”, el pase de test o cuestionarios de evaluación de la identidad de género, la renuncia al matrimonio previo si la pareja es del mismo género al que se está optando, la obligatoriedad de tratamientos hormonales o psiquiátricos durante un cierto periodo de tiempo, la sumisión a cirugías e incluso la esterilización irreversible”. Espeluznante.

Los test de la vida real al que alude Serra es una propuesta tan surrealista como la que estáis imaginando. Alba Pons lo ha definido, en su trabajo ‘El test de la vida real o la normalización de la performance de género’, como “el proceso de evaluación previo o paralelo al diagnóstico, realizado mediante seguimiento terapéutico que verifica si se cumplen o no los criterios necesarios para desarrollar la cotidianidad en el género en el que se anhela vivir”. Es la puesta en escena del género como teatro: Un chico trans* para lograr el diagnóstico favorable que necesita para poder acceder, por ejemplo, a las hormonas necesita demostrar a su psiquiatra que es capaz de vivir como tal. ¡Un test! Lo terrible es que, como Pons explica también en su trabajo: “Los sujetos trans en tanto que sujetos que rebosan las categorías legítimas deben pasar procesos de validación social y normalización, procesos que para conferirles inteligibilidad social delimitan sus experiencias, las encajan, las homogenizan y las objetivan” para alcanzar unas identidades de género —un ser hombre y ser mujer— que no existen. Un chico trans* lo tendrá más difícil para aprobar el test si no le gusta el fútbol y una mujer trans puede que se encuentre con trabas si es lesbiana o no le gusta vestirse con falda. La Organización Mundial de la Salud ha publicado la nueva edición de su manual de enfermedades, saca la transexualidad del capítulo de trastornos y pasa a formar parte de un epígrafe denominado “condiciones relativas a la salud sexual”. Un pequeño gesto, que cambia mucho, pero, desde luego, no lo cambia todo.

Siempre intento empezar o acabar los artículos con una pequeña anécdota, una historia que sirva de ejemplo de lo que pretendo transmitir. Una situación desagradable con la que me topé en un ascensor para hablar del miedo que tenemos las mujeres a vivir con libertad el espacio público o aquella última vez que me llamaron “bollera” para seguir denunciando la LGTBfobia cotidiana. Hoy, que escribo de salud y personas trans*, me vienen a la memoria momentos ajenos, que son paradigmáticos: las esperas con M. en la consulta del endocrino privado a 79 kilómetros de su casa, nerviosa porque nadie le explicaba las consecuencias que las hormonas pueden tener en su salud o a V. pinchándose testosterona en casa; las quejas de ambos por no encontrar en el sistema de salud una mirada integral y no patologizante de sus cuerpos. Las visitas de V. al ginecólogo, que le mira como las vacas al tren, sorprendido ante su coño y su barba; los dilatadores de N., con los que se estuvo penetrando, cada día, durante muchos meses para poder ser penetrada después —es ese un requisito social indispensable para ser considerada mujer— y cómo todo esto supone una vulneración flagrante de sus Derechos Humanos. Las encuestas europeas dicen que las personas trans* tienen el nivel de salud más precario del colectivo LGTB, como consecuencia —para esto no hace falta una encuesta— de la transfobia. En 2010, distintos colectivos redactaron la ‘Guía de buenas prácticas para la atención sanitaria a personas trans* en el marco del sistema nacional de salud’ con las deficiencias del sistema sanitario, en la que, además, establecen una serie de propuestas concretas para mejorar su atención en todos los ámbitos relacionados con la salud. Si hiciéramos el test de la vida real a cualquier Estado, podríamos dar la bienvenida a muchas anarquías.

Andrea Momoitio

Este es un artículo de Pikara Magazine en el Marco del proyecto Abordaje de la violencia simbólica desde el ámbito educativo, sanitario y los medios de comunicación financiado por la Diputación Foral de Bizkaia.

Despojadas de nuestro cuerpo

Creo que cuando nos cruzamos, un 33% de su cuerpo estaba lleno de rabia; otro 33% albergaba tristeza; en el 33% restante, solo agobio. Espero que encontrarse con caras conocidas y feministas le sirviera, al menos, para llenar ese poquito que le quedaba libre de nuestra fuerza para pasar el trago. Ante situaciones como estas, sólo nos queda creer en nosotras. Esa misma mañana, en un hospital público de Bilbao, el ginecólogo de turno se debió sentir presionado cuando ella preguntó detalles sobre su salud:

—Y esto que tengo, ¿por qué puede ser? — debió querer saber la muy osada.
—Perdona, guapa, la culpa de esto la tienes tú. Yo estoy intentando solucionarlo.

En su cara, estupor, dolor, indefensión. En la consulta, sola, ¿cómo podría enfrentarse a algo así? El reto no era fácil porque esa conversación les trascendía a ambos. Lo que estaba sobre la mesa en esa consulta era la clásica distinción entre mujeres buenas y malas; putas y santas; las que se lo merecen todo y las que no se merecen nada; las que cumplen con lo que se espera de ellas y las que no lo hacen. Ella, a ojos y criterio del patriarcado, no debe ser una de esas buenas mujeres. Todo por tratar de hacerse cargo de su cuerpo, por intentar entender qué estaba pasando con su salud, todo por responsabilizarse.

El tremendo atrevimiento del médico, por un lado, está relacionado con la falta de costumbre que tenemos como sociedad a hacernos cargo de nuestra salud, a preguntar y cuestionar la palabra sagrada del doctor o doctora de turno, acostumbrados a que sus juicios sobre nuestra salud sean incuestionables: por otro lado, sus palabras se convierten en el altavoz del castigo social que todavía hoy sufrimos las mujeres si nuestras sexualidad no encaja en los patrones que han dictado para nosotras. Para bien y para mal; por arriba y por abajo; cualquier forma de relacionarnos con nuestra sexualidad que no cumpla que lo que se espera de una buena mujer será castigada. Las expectativas no son siempre las mismas ni se muestran de la misma manera. En algunos contextos sociales, serán castigadas las mujeres que no disfruten activamente del sexo, condenadas al “estrecha”; en otros casos, el juez moral que llevamos todas dentro castigará a las que disfrutan libremente de su sexualidad, sin pareja estable, ni ánimo de tenerla. Para ellas será el reino de las putas. Luego, ni te cuento si no te relacionas sexualmente con hombres. Para nosotras, el ostracismo.

Ojalá pudiera decir que la actitud del ginecólogo que atendió a esta mujer es anecdótica. Hace unos años, en un reportaje de Pikara Magazine sobre el Virus del Papiloma Humano, la autora ya contaba situaciones parecidas: “Estate tranquilita que ya bastante has hecho”, le dijeron entonces a una mujer diagnosticada con VPH. Al hablar de esta cuestión con otras compañeras, la sorpresa ha sido superlativa. Bueno, quizá no tanto. A una, estos días también, le aconsejaban que tome pastillas anticonceptivas, pero se niegan a explicarle nada sobre los posibles efectos secundarios; a otra le recetan monogamia para evitar problemas; todavía recuerdo cómo una de mis mejores amigas salió de Urgencias tras pedir la pastilla del día después; las lágrimas de otra pidiendo, por favor, que nunca más le pongan con ese ginecológico. Todo, ante la más absoluta impunidad porque el cuerpo de las mujeres no nos pertenece a nosotras. La violencia simbólica a la que estamos sometidas desde la cultura, la política o la economía, entre otros factores sociales, nos ha despojado de nosotras mismas. El feminismo es un billete de vuelta a nuestros cuerpos, a nuestros deseos, a nuestra vida. El viaje es arduo y costoso, pero que nadie dude de que llegaremos al destino.

Todavía hoy, con 45 mujeres asesinadas en lo que vamos de año a manos de sus parejas o exparejas y sin la posibilidad de conocer a ciencia cierta cuántos asesinatos más de mujeres se han dado por razones de género, resulta complejo hacer comprender a la ciudadanía que todas nuestras vivencias están atravesadas por los estereotipos de género. Crecer mientras nos hacen creer que nuestros cuerpos tienen la finalidad de, más allá de albergarnos, gustar a otros; vivir en un contexto político y social que no reconoce la autonomía de nuestra sexualidad; que los partos estén tan medicalizados o la menstruación tan estigmatizada; que instituciones públicas y religiosas decidan sistemáticamente sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos o que, entre otros miles de ejemplos, los cuerpos de las mujeres se mutilen —de maneras muy distintas según el contexto cultural— son sólo algunas de las actitudes que demuestran que necesitamos también en el ámbito de la salud de profesionales que entiendan que la situación sociopolítica en la que vivimos influye directamente en nuestra salud y que nos receten un poquito de feminismo tres veces al día.

 

 

Este es un artículo de Pikara Magazine en el Marco del proyecto Abordaje de la violencia simbólica desde el ámbito educativo, sanitario y los medios de comunicación financiado por la Diputación Foral de Bizkaia.

25N Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres

El próximo 25 de noviembre, se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia con las Mujeres. Desde medicusmundi bizkaia trabajamos para erradicar cualquier tipo de violencia contra las mujeres, tanto en los países del Sur en los que tenemos presencia como en Bizkaia.

Por ello, en este día os animamos a que salgáis a la calle y os suméis a las manifestaciones que se convoquen en vuestras ciudades, porque aunque sabemos que la lucha es diaria, en esta fecha es necesario aunar fuerzas y visibilizar nuestro compromiso con todas las mujeres y en contra de cualquier manifestación de violencia.

El Ayuntamiento de Gernika apoya proyectos de igualdad en Guatemala

El Ayuntamiento de Gernika-Lumo, tomará parte en un proyecto que permitirá a la organización local ASOGEN de Guatemala, continuar su trabajo en la promoción y defensa de los derechos de las adolescentes víctimas de violencia sexual.

Con este proyecto se brindará atención integral a 33 adolescentes de entre 12 y 17 años de edad, todas ellas supervivientes de violencia sexual. Gracias a esta colaboración, las adolescentes podrán acceder a la atención médica y psicológica, se les asesorará y acompañará en los procesos judiciales y además se les facilitarán herramientas que a largo plazo les permita incorporarse a nuevos contextos y desarrollar sus planes de vida.

Las adolescentes asistirán y recibirán apoyo integral en el CAIMUS (Centro de Atención Integral de la Mujer) de Chimaltenango. Las adolescentes que como consecuencia de esta violencia estén en peligro y no tengan familiares que les puedan brindar el resguardo y la protección necesaria, serán protegidas en el albergue temporal del CAIMUS-ASOGEN ubicado en Santa Apolonia.

Guatemala Gernika ASOGEN

Guatemala Gernika ASOGEN

 

Jornadas “Reflexiones sobre Violencias Machistas. Basauri, Euskal Herria y República Democrática del Congo”

Los próximos días 3 y 4 de diciembre, Marienea Basauri acoge las Jornadas “Reflexiones sobre Violencias Machistas. Basauri, Euskal Herria y República Democrática del Congo” que desde medicusmundi bizkaia organizamos en el marco del 25 de Noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, con el apoyo del Ayuntamiento de Basauri.

[Leer más…]

Durango y medicusmundi bizkaia contra las violencias machistas en República Democrática del Congo y Guatemala

Hace unos meses la ONGD de Durango Bateginez decidió poner fin a los casi 22 años de cooperación para el desarrollo en Guatemala, en la localidad de Pochuta. Ante su marcha, y gracias a la relación existente con Bateginez, medicusmundi bizkaia toma el relevo de la cooperación para el desarrollo en Durango.

[Leer más…]