La deriva del sistema sanitario en Honduras

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Si fueras hondureña y vivieras en El Terrero, Intibucá, tendrías que andar 45 minutos para llegar al centro de salud porque el único autobús que hay es a las ocho de la mañana y para tener alguna posibilidad de que te atiendan tienes que hacer cola desde antes de las siete. Si consigues ser atendida y necesitas un tratamiento médico, seguramente no vayan a proporcionártelo en el centro de salud.

Raquel Font*

En octubre del año pasado, 160 personas se reunieron en la estación de autobuses de San Pedro Sula con destino a Estados Unidos y México, con el propósito explícito de intentar mejorar sus condiciones de vida. A este éxodo se fueron uniendo más personas hasta convertirse en un millar. Una nueva caravana se ha puesto en marcha este enero. Mientras esto ocurre, Trump insiste en la construcción de un muro en la frontera con México.

Nunca ha sido lo mismo vivir en Austin que en Santa Rosa de Copán.

Si fueras hondureña y vivieras en El Terrero, Intibucá, tendrías que andar 45 minutos para llegar al centro de salud porque el único autobús que hay es a las ocho de la mañana y para tener alguna posibilidad de que te atiendan tienes que hacer cola desde antes de las siete. Si consigues ser atendida y necesitas un tratamiento médico, seguramente no vayan a proporcionártelo en el centro de salud. Si es algún medicamento, con mucha probabilidad no lo tendrán y deberás pagar por él en una farmacia privada. Si son pruebas diagnósticas, tendrás que desplazarte hasta la ciudad más próxima y pagar por ellas. Si formas parte del 66% de población hondureña que vive bajo el umbral de la pobreza, seguramente no puedas pagar por ninguna de esas cosas.

Los intentos de reforma del sistema de salud implementados en Honduras y en algunos de sus países vecinos han buscado superar una serie de problemas estructurales de que tienen que ver con la fragmentación del sistema de salud, la infrafinanciación del sistema sanitario, la mala gestión de los recursos y la falta de políticas públicas y de salud basadas en la equidad. Todo esto se ha venido traduciendo en un sistema de salud colapsado, anclado en el paradigma biomédico, que dedica escasos recursos a la prevención y a la Atención Primaria y que deja sin cobertura a una gran parte de la población.

En un país como Honduras que se caracteriza por la debilidad de sus estructuras rectoras y por sus altos niveles de corrupción, la gestión de los servicios públicos de salud mediante políticas neoliberales solo aumenta la desigualdad y la pobreza de la población. Sin embargo, una de las principales apuestas de la Reforma de Salud hondureña que comenzó a implementarse en 2013, ha venido de la mano de la descentralización de los servicios de salud hasta los niveles regionales o locales para conseguir, en teoría, una administración más eficiente de los recursos. En las municipalidades descentralizadas, la Secretaría de Salud se encarga de la financiación y, la provisión de servicios queda en manos de entidades públicas o privadas con o sin fines de lucro. Lo mismo ha ocurrido con los hospitales públicos. Es importante destacar que, pese a que es el principal argumento para la justificación de la separación de los mecanismos de financiación y provisión, la descentralización en sí misma no es garantía de una administración más eficiente de los recursos públicos, sino que, para que esto ocurra se requiere una adecuada capacidad institucional a nivel local, planificación financiera, un estricto control del gasto y sistemas eficientes de coordinación. Efectivamente, la crisis del sistema sanitario hondureño lejos de mejorar con la Reforma se ha hecho tan insostenible que en agosto de 2018 se declaró en estado de emergencia nacional mediante decreto ejecutivo.

Una vez más se ha demostrado que la apertura a mecanismos de gestión privada del sistema sanitario público no mejora la eficiencia del sistema, sino que incrementa el gasto y aumenta la desigualdad. Es urgente una reforma del sistema hondureño de salud basado en la participación social que se oriente hacia un sistema de salud único, público, gratuito y universal basado en la igualdad social, la justicia y el derecho a la salud de toda la población. Algunos países de la región ya lo están haciendo, Honduras también puede hacerlo.

 

*Raquel Font es Licenciada en Psicología y Máster en Salud Pública. Estuvo en Honduras en Septiembre-Octubre de 2018 y es coautora de la investigación “El Estado como garante de salud: retos y amenazas en los sistemas sanitarios de Guatemala, Honduras, El Salvador y la Comunidad Autónoma Vasca” editada por medicusmundi.
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