«A través de las cooperativas las mujeres refuerzan su poder económico, personal y familiar y les ha permitido combatir la malnutrición en sus hogares»

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Ruanda es un país situado en África Subsahariana con un nivel de desarrollo económico y social débil. Esto se traduce en un nivel de alfabetización bajo, agricultura de subsistencia, pobreza extrema de la población e insuficiencia de infraestructuras económicas y socio-sanitarias. Se trata de un país montañoso y de ahí que se denomine el país de las mil colinas. A la alta densidad demográfica, se suma la dispersión de la población, lo que dificulta el acceso de las personas a las infraestructuras y servicios socio-sanitarios. La salud de la población está condicionada por numerosos problemas como la falta de agua potable, las enfermedades generadas por la falta de higiene, la persistencia de la malaria y la desnutrición.

Marie Chantal Nikuze, además de socióloga, es la coordinadora ejecutiva de medicusmundi ruanda, y lleva con la organización desde octubre de 2006, año en el que se puso en marcha el proyecto de cooperativas de mujeres DUKORA TUJY´IMBERE, que significa “Trabajemos para ir hacia delante”, del que es responsable.

¿Cómo nace la idea de crear cooperativas de mujeres?

La idea surge en 2006, momento en el que la malnutrición seguía siendo un problema en el país y en el Distrito de Kamonyi, donde medicusmundi realizaba un apoyo alimentario directo a los Centros Nutricionales de los que eran usuarias las mujeres que a día de hoy constituyen las cooperativas.

En 2007, medicusmundi orienta sus intervenciones a la atención primaria en salud y desde 2008 se identifica un nuevo enfoque de trabajo abordando aspectos socio-sanitarios y económicos en el marco de la lucha contra la malnutrición. Se apuesta por un refuerzo de capacidades de las asociaciones de mujeres que anteriormente recibían ayuda alimentaria. Comienzan entonces los proyectos generadores de ingresos.

¿Cómo se ha desarrollado el proceso de creación de las cooperativas? ¿En qué consisten?

El proceso comenzó con 7 asociaciones que agrupaban a 732 mujeres y 19 hombres. La mayoría eran personas mayores y analfabetas, casi todas sin formación de base. Realizaban actividades agrícolas y de ganadería (ganado mayor y menor) y algunas actividades de artesanía, mayoritariamente fabricación de cestas, batiks y jabones. Es de subrayar que en un principio, todas las asociaciones carecían de reconocimiento y que, por otro lado, la política nacional impulsaba que todas los grupos y asociaciones se transformaran en cooperativas. Fue necesaria una revisión de la gestión de las cooperativas, su organización, el tipo de  actividades que realizaban, y el nivel de participación y compromiso de los y las miembros.

Actualmente, las asociaciones son cooperativas funcionales con órganos de gestión y dirección reconocidos y 6 de ellas tienen ya personalidad jurídica. Las cooperativas agrupan, a día de hoy, a 445 miembros activas entre las cuales se cuentan 417 mujeres y 28 hombres.

Como actividades podemos destacar: la agricultura, principalmente tomates de invernadero, piñas, bananas, champiñones, maíz o mandioca; la ganadería, cría de vacas, cerdos, cabras y conejos; la fabricación de piensos para el ganado y la comercialización de la carne de cerdo; y la artesanía con talleres de costura, teñido y serigrafía de telas o fabricación de jabones.

Además de las actividades productivas, se han impulsado actividades socio-sanitarias,  entre las que destacamos las sensibilizaciones comunitarias sobre nutrición y género, la alfabetización de personas adultas, y la participación de los y las miembros en campañas públicas a nivel del Distrito.

¿Se trata de una iniciativa aceptada por las mujeres? ¿Ha sido necesario realizar un trabajo de sensibilización previo?

Desde los centros nutricionales se estaba realizando un seguimiento a las mujeres y éstas ya habían comenzado a trabajar en grupo y participando además, en un proceso de formación para las asociaciones, por lo que la iniciativa fue aceptada con facilidad. Este proceso se inició tras una fase de emergencia, durante la cual se distribuyeron directamente alimentos. Algunas de las mujeres no habían salido  de manera consciente de esa fase como para dedicarse activamente al trabajo en común.

Esto requirió que durante la fase de identificación se realizará un análisis en profundidad de sus necesidades, demandas, deseos y capacidades reales. También, durante la ejecución del proyecto se han dedicado recursos para sensibilizar y concienciar, además de realizar un seguimiento continuado para reorganizar y dar mayor cobertura al trabajo de las mujeres en las asociaciones.

¿Y los hombres? ¿Cuál es su papel en las cooperativas?

En un principio, no se contaba con muchos hombres. El hecho de formar parte de un grupo de mujeres no era de su agrado dado que las niñas y niños, cultural y generalmente, son responsabilidad de las madres. El hombre que participaba, reemplazaba a una mujer impedida, o bien la madre había fallecido o abandonado el hogar, o el hombre tenía problemas de malnutrición. Poco a poco, los hombres se han integrado en las asociaciones y apoyan las actividades.

Es positivo trabajar con hombres porque la complementariedad entre los hombres y las mujeres es el núcleo del desarrollo de la familia. No obstante, es necesario prestar una especial atención a la equidad de género en las actividades que desarrollan.

¿Qué aportan las cooperativas a las mujeres?

Para las mujeres las cooperativas son organizaciones a través de las cuales refuerzan su poder económico, personal y familiar. Son centros de formación para técnicas modernas de agricultura, ganadería y artesanía. Cuando una mujer aprende un oficio, consigue cubrir las necesidades de la familia. Las mujeres han obtenido semillas mejoradas y animales que han criado en sus hogares aplicando lo que han aprendido en las cooperativas. Destacaríamos el cultivo de champiñones, verduras, cría de conejos, cabras y cerdos. Esto les ha permitido disponer de alimentos y combatir la malnutrición en sus hogares.

A través de las cooperativas, las mujeres contribuyen al desarrollo socio-económico de la zona, innovando con cultivos, técnicas y capacidades formativas que les permiten integrarse económicamente en un proceso de negocio. Los fondos rotatorios agrícolas y ganaderos, de los cuales han sido beneficiarias en las cooperativas, les han permitido tener acceso y control a un patrimonio económico. Ahora gran parte de las mujeres de las cooperativas disponen de cuentas bancarias.

¿Cuáles son los impactos desde el punto de vista de la Salud?

En las evaluaciones se han recogido los testimonios de las autoridades político-administrativas que también se acercan a las cooperativas. Y constatan los aspectos positivos como que se ha contribuido a la sensibilización comunitaria con impacto positivo en la erradicación de la malnutrición en los hogares, pago de las mutuas de salud, planificación familiar, seguimiento de la alimentación y del calendario vacunal infantil, demostraciones culinarias en los pueblos, plantación de árboles frutales y verduras en los hogares, participación de las cooperativas en las sensibilizaciones comunitarias junto con el equipo de animación de salud.

“He descubierto el mundo” Espérance Bareke, presidenta de la cooperativa de Karama

Espérance Bareke es la presidenta de la cooperativa de mujeres de Karama, cuya actividad principal es la cestería, y la agricultura, concretamente el cultivo de piñas, como actividad secundaria. 

Pag 7 Ruanda Esperance ¿Cómo era su vida antes de comenzar a participar en la cooperativa?

Antes, aunque no era analfabeta, no tenía confianza en mí misma, me daban miedo las otras personas y no quería compartir espacios. Tuve seis embarazos con un espacio máximo de un año entre cada nacimiento. Por ello, no podía cultivar y era pobre. Cuando sacaba tiempo para las actividades agrícolas, debido a la falta de formación y técnica, mezclaba todos los cultivos. Por lo que mis hijos e hijas, realmente, sólo comían patata dulce. Para mi marido, los hijos son una bendición del Señor, es Jesús quien los envía, así que la planificación familiar la hago de manera clandestina.

¿Cómo ha beneficiado en su vida el trabajo en la cooperativa?

Me ha aportado alegría de vivir y de estar con otras personas, de compartir espacios. He descubierto el mundo. Además, he conseguido vivir en paz. Mi marido no coarta mi libertad, comprende las ventajas de participar en la cooperativa. También he mejorado la higiene corporal, antes tenía un aspecto descuidado, ahora me arreglo para salir. He adquirido conocimientos y técnicas agrícolas que he podido trasladar a mi hogar. Gracias al espaciamiento de los nacimientos he recuperado tiempo para poder trabajar. En Karama distribuimos las conejeras de la cooperativa entre nuestros miembros. Yo tengo una en casa y sirve de ejemplo para el resto de la comunidad. Mi familia se siente orgullosa y mi marido asume las tareas del hogar si yo tengo que trabajar en la cooperativa. Ahora tengo más tiempo para ocuparme de mi hijo pequeño.

 

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